GLOBALIZACIÓN Y TECNOLOGÍA: SU IMPACTO EN LA EDUCACIÓN.
M.Ed. Olga Ligia Solano Córdoba.
INTRODUCCIÓN
Esta ponencia aborda el tema de la globalización, la tecnología y su impacto en la educación, desde la visión de cuatro pensadores, un iberoamericano, una latinoamericana y tres pensadores latinoamericanos.
Globalización se utiliza como término referido a la integración económica de los mercados, y a la integración a sistemas de valores que se han ido adquiriendo a través de la navegación por Internet y de la televisión por cable, dando lugar a la creación de nuevas identidades y nuevas comunidades.
Analizar toda esta problemática desde la visión de los estudios latinoamericanos, me ha permitido repensar las necesidades educativas del joven latinoamericano producto de la globalización.
Es por ello que abordo el tema desde la visión de cinco autores contemporáneos, cuatro latinoamericanos: Néstor García Canclini, Beatriz Sarlo, Renato Ortiz, Jesús Martín Barbero y un iberoamericano Manuel Castells, con quienes he empezado a comprender el impacto de la globalización cultural en la sociedad joven latinoamericana. Esas generaciones de estudiantes que llenan las aulas de nuestras escuelas, colegios y universidades, en busca de una formación que les permita desenvolverse en un mundo globalizado, y que a veces señalamos desde la cultura adultocéntrica, como carentes de valores, sin interés por estudiar el pasado de sus comunidades, sin interés por conocer los valores patrios, sin proyectos de vida.
Estudiar el impacto de la globalización y la tecnología en la educación requiere pensar en el tipo de sociedad que tenemos hoy y por lo tanto en el tipo de sujeto que conforma esa sociedad. Las generaciones de estudiantes del siglo XXI nacieron en los ochentas y noventas, han crecido en un mundo de transformaciones tecnológicas, nacieron en la época que algunos llaman la posmodernidad[1].
El proceso de socialización de las generaciones posmodernas, a diferencia de generaciones anteriores que adquirieron su lengua, sus valores, sus costumbres, sus conocimientos, situados en una cultura específica, con rasgos más o menos estables, se socializa hoy recibiendo la influencia multicultural de un mundo globalizado en el que están inmersos a través de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información.
Hoy la educación sobrepasa a las escuelas, los niños y niñas y los mayores también, se forman en la vida cotidiana, en el hogar, en la calle, en la televisión, en el trabajo, en Internet.
A principios de los años setenta en Latinoamérica alcanzó importancia la crítica al imperialismo cultural, que sostenía que los productos importados normalmente de los Estados Unidos contenían ideas que podrían afectar negativamente los estilos de vida y valores tradicionales de los latinoamericanos. Con el objetivo de resistir a la dependencia del imperialismo cultural, los políticos e intelectuales latinoamericanos abogaron por la defensa de políticas nacionales de comunicación que permitieran contrarrestar el dominio de la cultura norteamericana. Estos argumentos han ido perdiendo vigencia a medida que se ha ido reajustando el papel del Estado Nación y su capacidad para ejercer el poder en el contexto de una economía global.
SURGIMIENTO DE UNA SOCIEDAD GLOBAL
El autor Renato Ortiz expone en su libro Otro Territorio el proceso de constitución de La Nación. Señala que la Revolución Industrial y la Modernidad trajeron consigo la constitución de La Nación. Distinta a la noción de Estado, la Nación es fruto del siglo XIX. Esto implica que en el ámbito de un territorio determinado ocurra un movimiento de integración económica, social y política Así, La Nación crea una conciencia y una cultura nacional, o sea un conjunto de símbolos, conductas y expectativas compartidas por aquellos que viven en un mismo territorio.
El mismo autor continúa afirmando que este proceso se extendió durante el siglo XX en todos los países latinoamericanos. En cada uno según sus historias particulares surgió una cultura nacional. Sin embargo, avanzada la segunda mitad de ese siglo, las sociedades nacionales fueron atravesadas por el proceso de globalización que trajo consigo la formación de otro tipo de sociedad: la sociedad global; con la cual surgen implicaciones políticas e ideológicas tales como la perdida de monopolio del Estado – Nación para conferir sentido a las acciones colectivas.
El valor “moderno” comenzó a vincularse a las fuerzas transnacionales, sobrepasando el nivel nacional. Lo global se vuelve sinónimo de modernidad. Lo “moderno” pasa a ser más importante que lo tradicional. La Nación es transferida hacia el plano de lo tradicional, y lo global pasa a ocupar su lugar de distinción. Lo global surge como equivalente de lo universal. Lo global involucra a lo nacional y lo local.
LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN
La globalización ha sido favorecida y acompañada de un amplio y vigoroso desarrollo tecnológico, gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Estas aceleran la disolución de barreras y fronteras. Así como aceleran la integración de América Latina a una economía mundial.
Las redes electrónicas cooperan con la creación de nuevas modalidad del “estar juntos”, de comunicarse , de conectarse, de cooperación. La televisión y el computador convierten el espacio doméstico en el territorio virtual por excelencia.
Las nuevas tecnologías de la comunicación y la información contribuyeron a la desterritorialización de los signos, imágenes y objetos. Estos conforman la raíz de una cultura internacional – popular. La noción de cultura pasa a comprender un conjunto de prácticas desarraigadas, cuya presencia es simultánea en diferentes rincones de la sociedad global. Hoy nos encontramos con una serie de costumbres y objetos que son similares en muchas partes del mundo: jeans, zapatos, zapatillas, comida, bebida, ropa, un imaginario colectivo común compuesto por signos comerciales, imágenes de cine y televisión, afiches de artistas, cantantes de música pop, etcétera (Sarlo, 1994).
El proceso de globalización nos obliga a repensar nuestra relación con el otro (Ortiz, 1998). En el mundo globalizado se han quebrado las fronteras, lo cual no significa el fin, pero sí el diseño de nuevos territorios y límites. La movilidad intraplanetaria de hoy en día transforma las prácticas y las relaciones sociales. Somos ciudadanos mundiales porque el mundo penetró en nuestra vida cotidiana.
El proceso de globalización, según García Canclini (1995), puede resumirse como el pasaje de las identidades modernas (territoriales, casi siempre monolinguísticas) a identidades posmodernas (transterritoriales y multilinguísticas). Estas últimas estructuradas más desde la lógica de los mercados y operando mediante la producción industrial de cultura, su comunicación tecnológica y el consumo diferido y segmentado de los bienes.
La comunicación y la información han pasado a ocupar el lugar central en la configuración de la nueva sociedad y ponen en juego profundas transformaciones en la cultura. Hoy los medios introducen otro orden de lo cultural. García Canclini afirma que “La radio y el cine contribuyeron en la primera mitad de este siglo a organizar los relatos de la identidad y el sentido ciudadano en las sociedades nacionales. Agregaron a las epopeyas de los héroes y los grandes acontecimientos colectivos, la crónica de las peripecias cotidianas: los hábitos y los gustos comunes, los modos de hablar y vestir, que diferenciaban a unos pueblos de otros. La comunicación por radio ayudó a que grupos de diversas regiones de un mismo país, antes lejanos y desconectados, se reconocieran como parte de una totalidad. Los medios de comunicación en la primera mitad del siglo XX fueron un instrumento de unificación de las identidades, de la construcción de la nacionalidad, de la identificación de los miembros de una comunidad con su cultura. La televisión y la publicidad impulsaban a comprar productos nacionales y difundían el conocimiento de lo propio”. (1995:)
En los años ochenta con la apertura de la economía de cada país a los mercados globales y a procesos de integración regional se fue reduciendo el papel de las culturas nacionales. La transnacionalización de las tecnologías y la comercialización de bienes culturales disminuyó la importancia de los referentes tradicionales de identidad. En las redes globalizadas de producción y circulación simbólica se establecieron las tendencias y los estilos de las artes, las líneas editoriales, la publicidad y la moda.Con la apertura de mercado, con la globalización, se abandonaron las pautas que promovieron el consumo de productos nacionales y se inició con el dictado de políticas desde el exterior. Nuestra identidad no puede definirse ya por la pertenencia exclusiva a una comunidad nacional.
En el siglo XXI, señala Ortiz,(1998) lo único nuevo es que el mercado se mundializó. En su ámbito, los individuos construyen sus identidades, comparten expectativas de vida, modo de ser. El mercado pasa a ser una instancia de socialización que modela la personalidad de los individuos. El consumo es una institución formadora de valores y orientadora de la conducta.
Beatriz Sarlo (1994), plantea que la construcción de la identidad en nuestros días se realiza en el mercado. Los centros de ciudades, donde se respiraba una identidad urbana que hoy forma parte del pasado, cedió terreno a los “malls” y los “shopping centers”. En ese vacío de memoria urbana, estos se convierten en simulacros de ciudad que representan el escenario de nuevas costumbres. Representan además la realización plena del capitalismo. Todos son iguales, independientemente del lugar donde estén ubicados, los puntos de referencia son universales: logotipos, siglas, letras, etiquetas, marcas, espacios; el sentido de orientación no tiene relevancia, los visitantes se mueven de un plano a otro sin darse cuenta de que han atravesado algún límite.
La falta de identificación fuerte de la nuevas generaciones es aprovechada por el mercado saturado de objetos que les permite manejar el “lenguaje de la identidad social”. El mercado representa para la juventud un espacio universal que compensa vacíos que ya no llena en el hogar, pero sí en el mercado, donde puede experimentar identidades transitorias, que comprenden desde un consumo desenfrenado hasta la libertad de diseñar el cuerpo, de manera que encuentre algo de lo cual carece en el nivel de identidad .
La ciudadanía se constituye en el mercado y los “shopping” representan una especie de monumentos de un nuevo civismo. Los adolescentes son los expertos en moverse en ese espacio sin referencias urbanas y repleto de referencias neoculturales. La infancia ha sido acorralada por una adolescencia temprana que garantiza un serie de ilusiones, incluyendo sexualidad, producto de una cultura extraterritorial, la juventud no representa ya una edad sino una estética de la vida cotidiana.
En las nuevas generaciones las identidades se organizan menos en torno de los símbolos histórico – territoriales, los de la memoria patria y más alrededor de los de Hollywood, Televisa o Bennetton. La identidad no es hoy en día, el núcleo donde se desarrolla una interioridad. Los jóvenes para construir sus identidades eligen símbolos y signos del proceso de globalización, de esta forma se identifican entre sí y se diferencian de un universo adulto.
Nos vamos alejando de la época en que las identidades se definían por esencias ahistóricas, afirma García Canclini,(1995) se configuran más bien en el consumo, dependen de lo que no se posee o es capaz de llegar a apropiarse. Las identidades fijadas en repertorios de bienes exclusivos de una comunidad étnica o nacional se vuelven inestables por las transformaciones constantes en las tecnologías de la producción, en el diseño de los objetos, en la comunicación más extensiva e intensiva entre sociedades.
La identidad nacional pierde su posición privilegiada como fuente productora de sentido. El proceso de mundialización de la cultura trae consigo nuevos referentes identitarios.
IMPACTO EDUCATIVO
La joven y el joven globalizado no se identifica con una escala de valores universales, ha crecido en una sociedad desregulada y liberal, bombardeado por la publicidad y el mercado. Los adultos no podemos seguir soñando con los jóvenes de otros tiempos, añorando otras formas de pensar, de actuar, quejándonos y señalando las carencias que desde nuestra perspectiva tienen las nuevas generaciones. Hay que tener presente que hoy las instituciones que socializan a los individuos son la escuela y los mass-media. A través de estos se definen sus normas de conducta y comportamiento. La escuela se limita a un período determinado, los mass – media no, son un espacio de definición de normas y legitimidad. Su autoridad moldea las disponibilidades estéticas, las expectativas de vida, las maneras de ser. (Ortiz, 1998)
¿Qué papel le hemos dado a los medios de comunicación dentro del proceso educativo? Pareciera que no hemos explotado ese recurso. Es necesario analizar la programación de las televisoras. Esta determina la agenda política, recreativa, social y cultural de los habitantes del siglo XXI. La mayoría de la programación es extranjera, es necesario que detectemos cuáles son los programas que más audiencia tienen entre los jóvenes. Podemos analizar y discutirlos con ellos, descifrar sus mensajes, las propuestas culturales y educativas. Determinar cómo influyen en la formación de valores, de expectativas de vida, en su cotidianeidad. El educador, el padre de familia, no puede estar ausente de este proceso. Hay que insertar las programaciones de los medios de comunicación colectiva como parte del proceso educativo. Por lo general cuando pensamos en la televisión o la radio al servicio de éste, lo hacemos pensando en programaciones diseñadas para ese fin. en este caso la propuesta es utilizar la programación diaria, las telenovelas, las series juveniles, los programas musicales, aquellos que ha respondido a los intereses de los muchachos y muchachas. La modernidad hizo de Europa el referente principal de la cultura. La globalización nos insertó en un mercado de consumo norteamericano. Rojas Osorio (2001) plantea que el maestro y el estudiante pueden leer y escribir la cultura en múltiples niveles. en este caso desde la cotidianeidad, descifrando con ellos los significados de aquellos programas que han llamado su atención, que han despertado su curiosidad, que encuentran cercanos a sus intereses.
El Estado en busca de respuestas educativas para una sociedad joven que se enfrenta con los retos de un mundo más competitivo y por lo tanto con mayores demandas, ha aumentado la cantidad de horas lectivas, la cantidad de materias que conforman el currículo, ha incluido la enseñanza de una o varias lenguas extranjeras y ha incorporado las computadoras dentro de los procesos educativos.
Hay mayor exigencia de educación, más cantidad de tiempo de aula, más cantidad de contenidos curriculares, pero menos tiempo para interiorizar. El trabajo que se hace en la escuela, está descontextualizado de la realidad que vive el estudiante.
Se le exige a la Escuela que asuma un mayor protagonismo en la formación de valores, pero la escuela, los padres, los alumnos y los propios maestros viven las mismas contradicciones que el conjunto de la sociedad.
El maestro tiene mayores demandas económicas, necesita más dinero, tiene que trabajar en varios lugares y ya no tiene tiempo para pensar en cómo plantear procesos educativos que respondan a las necesidades de una sociedad globalizada.
Las instituciones estatales han planteado programas de atención a los adolescentes, pero están desintegrados. La Escuela los desconoce, no los integra a su realidad. Diferentes instituciones estatales ofrecen programas con objetivos similares. Es necesario crear una red nacional para abordar a las juventudes desde una visión que integre los diferentes esfuerzos estatales y lo haga desde una visión integral.
Se hacen esfuerzos por incrementar la inversión en la educación pública. Sin embargo, nunca es suficiente y los esfuerzos aparecen aislados, de manera que no logran aportar mucho a la solución integral del problema. Ante la necesidad de establecer controles de calidad que permitan dar cuenta del estado de la educación en los diferentes países, terminamos aprisionados en un sistema tremendamente burocrático que deja poco espacio a la creatividad, a la atención de las particularidades, a la posibilidad de innovar y ofrecer respuestas acertadas al momento actual.
Los objetivos educativos, la forma de organizar la enseñanza y las condiciones de los profesores se mantienen prácticamente inalterables.
Los esquemas tradicionales de organizar la enseñanza deben variar. Se hace necesario modificar la organización de las escuelas, flexibilizar el currículo, aprovechar los medios de aprendizaje que se encuentran fuera de ella.
Los sistemas educativos deben ofrecer una visión integral al joven, no una visión fragmentada de la realidad. El joven tiene que conocer la realidad nacional y regional, comprender la posición que como latinoamericano ocupa en un mundo globalizado. Es necesario ofrecer al joven posibilidades de analizar críticamente su realidad, y así descubrir los juegos de poder de los cuáles es objeto. El currículo educativo debe incluir las voces, historias y experiencias de grupos subordinados. El aprendizaje debe ser más que transmisión de contenidos y memorización de información. El reto educativo consiste en crear prácticas que permitan a los estudiantes aprender desde su propia experiencia de grupo, clase, raza. Las voces de los afroamericanos, latinoamericanos, mujeres y clases marginadas deben ser escuchadas y tomadas en cuenta para una reformulación del currículo. Los textos deben leerse desde la experiencia del estudiante y no desde la voz de la autoridad.
El educador debe ser un profesional crítico y conocedor de la realidad latinoamericana. Ha escogido la tarea de educar en una época de crisis y transformaciones. Debe estar dispuesto a repensar continuamente su rol. El educador al igual que cualquier profesional sabe que la formación universitaria que lo capacita para poder buscar un trabajo, tener una ocupación, no es suficiente, que tiene que estar dispuesto a actualizarse constantemente. Por una parte en todo lo relacionado con conocimientos propios de su área específica de formación y por otra, no debe descuidar su conocimiento de la realidad nacional y regional. Es fundamental que el educador comprenda la problemática social actual. Los estudiantes del siglo XXI no pueden ser abordados con la misma agenda educativa con la que abordamos las generaciones del siglo pasado.
Con la globalización y el desarrollo que han alcanzado las nuevas tecnologías de la comunicación y la información el espacio para aprender también se ha reformulado. Surge la noción de virtualidad y se abren nuevos espacios de interrelación. La escuela ya no es el único lugar donde se puede aprender, el saber ya no recae exclusivamente en el profesor. Y el profesor no necesariamente tiene que estar en el aula. El alumno puede interaccionar con otros compañeros y profesores no tienen porque estar situados en un mismo espacio físico. La interacción entre los estudiantes de diferentes contextos culturales y físicos se produce gracias a los medios electrónicos disponibles en la Escuela, en la casa, en la calle. Las posibilidades de comunicación que surgen con el correo electrónico, las charlas sincrónicas en línea, los foros de discusión, investigación y transferencia de información han traído consigo nuevas formas de aprender, de interactuar de cooperar entre sí. La Internet representa el salón de clase virtual, que traspasa las paredes físicas de las aulas de clase y puede ser utilizado prácticamente en cualquier momento en cualquier lugar.
El aprendizaje permanente, abierto, la construcción de comunidades de aprendizaje, y generación de procesos educativos a distancia se hace cada día más viable.
No es que hoy ya no se necesite la presencia de un maestro, lo que sí se hace necesario es la presencia de un maestro y maestra diferente. El acceso a la información no resuelve el problema del aprendizaje, tampoco las posibilidades de conectividad. Se requieren educadores con propuestas educativas que potencien las posibilidades que ofrecen esos medios. El acceso a una gran cantidad de información descontextualizada no hace ninguna diferencia en un aprendiz. Navegar por un mundo infinito de información sin metas claras puede provocar incluso frustración. Estas acciones educativas deben estar acompañadas de objetivos claros y precisos. El estudiante debe desarrollar destrezas que le permitan tener la capacidad de reflexionar sobre el material al que tiene acceso, ser selectivo, tener capacidad de síntesis, disponer de controles de calidad que le permitan accesar y manipular en forma inteligente la información disponible. En suma, se requiere un mediador que guíe al educando por una ruta de aprendizaje que le permita sacar provecho de los nuevos espacios disponibles para aprender en la sociedad de la información. El joven debe aprender a aprender, redescubrir el placer de descubrir nuevos conocimientos, poder visualizar mejor la relación entre lo aprendido y la vida presente, explorar recursos educativos disponibles. Con Internet se facilita la posibilidad de generar un aprendizaje colaborativo, la creación de comunidades virtuales o electrónicas que incluyan personas de diferentes nacionalidades y formaciones culturales. Los nuevos espacios para aprender no pueden servir para hacer lo mismo que se hacía cuando no existían.
BIBLIOGRAFÍA CITADA
Arenas, Nelly. 1997. “Globalización e identidad latinoamericana”. En Nueva Sociedad. No. 147, 120-131.
Castells, Manuel. 1999. La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura. el poder de la identidad. Vol. 11. Madrid: Alianza Editorial.
García Canclini, Néstor. 1995. Consumidores y Ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización. México: Grijalbo.
García Canclini, Néstor. 1999. Globalización imaginada. Buenos Aires: Paidós.
Garrido, Jorge. Ensayo. Relevancia de una Perspectiva Histórica para
estudiar el impacto de las Nuevas Tecnologías de la Información. http://hiper-textos.mty.itesm.mx/garridonum5.htm
Martín Barbero, Jesús. Globalización y multiculturalidad. Comunicación. No. 19. Pag. 74-85
Martín Barbero, Jesús. 1993. La comunicación en las transformaciones del campo cultural. Alteridades 3 (5): 59-68
Ortiz, Renato. 1998. Otro Territorio. Santa Fe de Bogotá: Convenio Andrés Bello.
Palomino Iparraguirre, Luis. Globalización y Educación. Adriana Flores, Alberto Patino (Comentaristas) http://www.pucp.edu.pe/~temas/globalizacion.html
Saéz Víctor, Marí. Globalización, nuevas tecnologías y comunicación. http://www.uned.es/ntedu/espanol/master/primero/modulos/tecnologia-y-sociedad/index.htm
Sarlo, Beatriz. 1994. Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y cultura en la Argentina. Buenos Aires: Ariel
[1]La posmodernidad se sitúa en la época del capitalismo global. Hay cambios en las relaciones de producción, en la práctica de la idea de nación – estado y en el desarrollo de las nuevas tecnologías. Para algunos autores implica el cuestionamiento de rasgos hegemónicos de la modernidad: modelos de la cultura occidental dominante.
viernes, 9 de noviembre de 2007
domingo, 4 de noviembre de 2007
¿Qué es la OCDE?
Para averiguar pueden accesar el siguiente documento
http://www.direcon.cl/documentos/OECD/QUE%20ES%20LA%20OCDE.pdf
http://www.direcon.cl/documentos/OECD/QUE%20ES%20LA%20OCDE.pdf
Democracia, probreza y desigualdad en América Latina
El documento lo pueden accesar en la siguiente dirección
http://democracyreport.undp.org/Downloads/DemocraciaPobrezaYDesigualdades.pdf
http://democracyreport.undp.org/Downloads/DemocraciaPobrezaYDesigualdades.pdf
Foro: Intercambiando impresiones
Compañeras y compañeros del curso : Dado que probablemente vamos a tener poco tiempo para poder conversar intercambiar comentarios sobre la visita a la Escuela San José los invito a usar este espacio para intercambiar impresiones. Solo tiene que dar doble clic en comentarios y escribir el suyo.
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